jueves, 12 de marzo de 2015

De la amistad, confianza y la sinceridad

Puede parecer un cuento, una historia, lo que voy a escribir a continuación, por la forma del redactado, pero es el compendio de experiencias vividas en el pasado en primera y en tercera persona (experiencias de otros que me han contado).

A algunos les podrá sonar mucho, otros se podrán sentir aludidos, pero la finalidad de este post es el de reflexionar, no son consejos, ni pretendo juzgar ni adoctrinar a nadie, simplemente son una sucesión de hechos con o sin lógica que sirven para reflexionar. Es un ejercicio de alienamiento, de ponerse en la piel del otro y ser honestos con nosotros mismos y con los demás.

Siempre he pensado que toda relación se basa en la confianza, y para ello hay que ser sinceros y decir las cosas a la cara aunque duelan. Un/a buen/a amig@ no es el que evita que te equivoques ni que caigas, es el que deja que te equivoques y caigas, y está allí a tu lado en los peores momentos para ayudarte a levantarte, para apoyarte. La vida consiste en equivocarse una tras otra, y rectificar, aprender de los errores. Lo que yo difícilmente perdono (siempre hay excepciones) es la mentira, el engaño, me parece una traición hacia la otra persona y con uno mismo. Siempre he defendido todo lo que hago hasta el final, siempre he dado sin esperar nada a cambio y he descubierto que la mayoría de gente es egoísta, hipócrita, manipuladora, etc. Pero también he descubierto que hay una pequeña porción de gente, sincera, honesta, de confianza, directa, auténtica, que vale mucho la pena conocer.

He vivido muchas situaciones, me he dado trompazos sin parar, y después de caer he vuelto a levantarme con más fuerza y con una experiencia más que me hace, o eso creo, mejor persona. Incluso he defendido causas perdidas sabiendo que lo eran, pero en las que creía. Siempre he sido el último en abandonar el barco, puede que a veces por fases pueda estar un poco mas ausente, soy intermitente como la mayoría, pero nunca dejo de achicar agua hasta que el barco no se ha hundido. No me considero perdedor por ello, sé que he dado lo máximo de mi y eso me basta, porque lo he intentado, y no me queda la cosa de y si...

Hay dos situaciones, en forma de ejemplo, que son las que quiero que sirvan de reflexión, la primera es saber escuchar y actuar en consecuencia, no mentir, ser sincero.
Imaginaros que tenéis amistades, y que conocéis a alguien con el que empezáis a salir, ya antes has tenido una relación que te controlaba todos tus movimientos  y con quien te relacionabas y que era muy celosa tu pareja. La persona con la que empiezas a salir, de repente contacta con algún amig@ del sexo contrario, diciendo que controla tus conversaciones y que dejes de ver y de hablar a tu amig@, sin saber cómo ha conseguido tu número de teléfono, que tu amig@ es de su propiedad, en otras palabras más finas. Pienso que este tipo de relaciones es muy insano, sinceramente es violencia de género y que hay que cortar de raíz. Como buen amigo, si veo esta situación, o me veo en medio, sólo puedo en estos casos avisar a esta amistad y que decida qué hacer, respetando su decisión y opinión aunque no la comparta, sabiendo que acabará muy mal la cosa, solo estando ahí cuando me necesite. Pero lo más grave es la falta de confianza de mi amistad de no decirme que está saliendo con alguien y decir que sólo se dedica a sus trabajos y estudios, sin más tiempo, para quedar con un amigo para tomar algo, charlar y ponernos al día. Porque si está saliendo con alguien, tiempo tendrá, y por tanto, me está mintiendo y engañando, rompiendo esa confianza construida con el tiempo, y de muy difícil recomposición.
En mi caso, si tengo pareja, nunca le pediré que deje de ver ni de hablar con sus amistades, que ya estaban antes de que yo llegara, si lo hace es por iniciativa de mi pareja y por voluntad de ella. Nunca porque yo se lo pida, porque eso es querer controlar y aislar a una persona. Y lo grave, que amenaza sutilmente, pero lo hace, a las amistades de su pareja.

La otra situación se refiere a la confianza, a los prejuicios y a las acusaciones sin pruebas ni argumentaciones. Tener una amistad que te exige un posicionamiento que no compartes, le argumentas tus motivos, te pregunta cual es tu posicionamiento y te insulta a ti y a la gente a la que apoyas, acusándola de cosas sin argumento, pero sobre ello, hablaré en una publicación futura, ya que es en clave política. Sólo decir, que duele ver ciertos posicionamientos, y duele la falta de confianza y sinceridad. Cómo me ha dicho muchas veces una amistad mía, y que aprecio mucho: "En política todo vale para ganar, descalificar al rival, sin argumentos ni pruebas, por eso no me dedico a la política, hago política militante en ninguna formación argumentando y probando injusticias". Y no cito mi fuente porque me la dejareis seca y prefiero seguir disfrutando con otros pocos privilegiados de su sabiduría adquirida con la experiencia vital.

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